“Los Ángeles Que Llevamos Dentro” (The Better Angels of Our Nature) [LIBRO RESUMIDO]

Los Ángeles Que Llevamos Dentro (2012) da una mirada cercana a la historia de la violencia en la sociedad humana, explicando tanto nuestras motivaciones para usar la violencia en ciertas ocasiones como los factores que nos retienen cada vez más de usarla, cómo estos factores han resultado en reducciones masivas de su uso.

Steven Pinker es un psicólogo experimental, lingüista y científico cognitivo con un profesorado en la Universidad de Harvard. Tiene otros libros éxitos en ventas como Cómo Funciona la MenteEl Estado del Pensamiento.


Descubre por qué la humanidad es más pacífica que nunca, incluso si la mayoría de nosotros fantasea con la muerte

¿Alguna vez has tenido una fantasía de asesinar a alguien? Si eres como la mayoría de las personas, probablemente sí lo has hecho, quizás incluso hace poco.

Todos los humanos somos aptos para la violencia porque esta ha sido desarrollada en nuestros genes como una cruda forma de conseguir lo que queremos. Aún así, a pesar de la creencia popular, mientras la humanidad se desarrolla, realmente usa cada vez menos y menos la violencia.

En este resumen encontrarás exactamente por qué sucede eso.

Primero descubrirás nuestros “demonios internos”, los cinco principales motivadores detrás de nuestra propensión a la violencia. Por ejemplo, sabrás por qué vengarse de alguien podría sentirse como consumir cocaína.

Segundo, descubrirás los ángeles superiores que llevamos dentro, cuatro otros motivadores que nos animan a resistirnos a la violencia. Por ejemplo, comprenderás por qué un adolescente promedio de hoy en día podría ser un genio en 1920 y mucho menos violento gracias a ello.

Finalmente, verás cómo seis grandes cambios históricos redujeron la violencia drásticamente al incorporar nuestros ángeles internos mientras expulsaban nuestros demonios internos. A lo largo del camino, llegarás a entender, por ejemplo, por qué las formas de diversión antiguas ya no se consideran entretenimiento sano y divertido.

Aunque es evidente que estamos viviendo en el período más pacífico de todos, aquí no se discute que la violencia haya sido erradicada de la vida humana, nos falta mucho aún para eso, así que las felicitaciones tendrán que esperar. En cambio, debemos continuar nuestros esfuerzos para reducir la violencia, nutriendo y promoviendo a los ángeles que llevamos dentro.


Depredación: La violencia es una manera simple y natural de conseguir lo que queremos, pero es también riesgosa y cruda.

En la primera parte del resumen, vamos a ver qué motiva a los humanos a usar la violencia, nuestros llamados “demonios internos”.

El primero de estos demonios está enraizado en el hecho de que la violencia es una simple manera de ganar una ventaja evolutiva.

A través de la selección natural, todos los organismos han evolucionado para competir unos contra otros por la supervivencia de sus genes.

En esta competición, los organismos a veces son forzados a oponerse los unos con los otros, por ejemplo, cuando los recursos son limitados o hay poca oferta de parejas potenciales. Usar la fuerza física es una forma efectiva de asegurar esos recursos, entonces los organismos propensos a la violencia tienen una ventaja. Este tipo de violencia instrumental es llamada depredación y es un medio pragmático de conseguir lo que queremos.

También para los humanos esta tendencia violenta es natural y trivial. De hecho, puede ser vista incluso en niños pequeños: estudios han demostrado que la etapa más violenta del desarrollo es la infancia, cuando los niños expresan su comportamiento mordiendo, pateando y golpeando.

La tendencia también persiste mientras maduramos: en una encuesta a estudiantes universitarios, casi el 90 por ciento de los varones y el 80 por ciento de las mujeres admitieron que fantasearon con matar a alguien el año anterior.

Esta racha violenta parece tener una base neurológica. Los estudios han encontrado que estimular artificialmente una cierta zona del cerebro conocida como el “circuito de la rabia” activa unos sentimientos de agresión.

Pero a pesar de que tenemos una propensión natural a la violencia, desde una perspectiva evolutiva nuestros instintos violentos necesitan mantenerse controlados, porque hacerles caso es usualmente una mala idea:

Hacer daño a nuestros parientes, por ejemplo, sería contraproducente porque ellos han heredado nuestros genes.

Además, la violencia es riesgosa, porque incluso si un organismo en particular gane una batalla, podría todavía sufrir heridas que reduzcan sus chances de sobrevivir y pasar sus genes a largo plazo.

Por esta razón, los humanos tendemos a emplear la violencia selectivamente.


Dominación: La violencia puede también ser usada para reforzar nuestra posición social, haciendo que el acceso a los recursos o parejas sea más fácil.

Como hemos visto, la violencia tiende a ser una estrategia riesgosa para conseguir lo que queremos, porque incluso si un organismo gana, hay un riesgo alto de salir herido, lo cual podría disminuir sus chances de pasar sus genes.

Entonces tiene sentido que la mayoría de especies sociales intentaran evitar batallas innecesarias. Muchas de ellas consiguen esto estableciendo jerarquías dominantes. Estas son jerarquías basadas en quién podría ganar si hubiera una confrontación, y su principal beneficio es que las peleas, y las heridas que resultan de ellas, pueden ser completamente evitadas.

En las especies sociales, esta jerarquía generalmente favorece a los machos, porque está basada en el tamaño relativo y en la fuerza.

La posición del macho en la jerarquía determina su acceso a las hembras, con los machos en la cima siendo capaces de impregnar a tantas hembras como les sea posible. Esto significa que los machos son incentivados a usar la violencia no sólo para asegurarse recursos, sino también para ganar un estatus y posición mayores en la jerarquía.

Además, remanentes de este fenómeno pueden ser vistos también en los humanos. No solamente los varones son quienes siguen persiguiendo y compitiendo por las mujeres, sino que los varones también tienden a valorar más que las mujeres temas como el prestigio y el estatus.

Sin embargo, cuando las tribus cazadoras-recolectoras se establecieron hace 1 o 1.5 millones de años, las mujeres se interesaron menos en ser impregnadas por hombres dominantes, y se interesaron más en la lealtad y habilidad del hombre para proveer a su familia.

Esto es porque en ese tiempo, los hombres eran responsables de cazar, mientras que las mujeres se quedaban a cuidar de sus familias.

Porque criar a una familia significa alimentarla, la evolución llevó a las mujeres a preferir hombres que eran leales a ellas y regresaban de sus viajes de caza con comida para todos, en vez de hombres que sólo intentaban impregnar a muchas mujeres. Este desarrollo llevó a que seamos generosos y leales con nuestros seres queridos, una parte crucial de nuestro éxito evolutivo.


El deseo de venganza alimenta la violencia en todo el mundo y probablemente evolucionó como un disuasivo.

El deseo de venganza, algo que casi todos hemos sentido, aparece como un mayor y casi único motivador de la violencia.

En este contexto, la venganza no se refiere solamente a represalias inmediatas, sino también a una tendencia de las personas de guardar rencores y buscar represalias en el largo plazo.

Y es un fenómeno universal: casi todas las culturas del mundo abogan explícitamente por la venganza de sangre (“ojo por ojo, diente por diente”), y hasta un 20 por ciento de los homicidios del mundo tienen a la venganza como su principal motivador.

Incluso si estamos fantaseando con matar a alguien, la venganza es usualmente un factor: en la encuesta previamente mencionada, también se reveló qué tan seguido los estudiantes universitarios fantaseaban sobre asesinar, y la mayoría de sus fantasías eran sobre venganza.

¿Pero por qué el deseo de venganza es tan común? Una razón es simplemente que se siente bien. En estudios con ratas de laboratorio, se encontró que el vengarse crea una respuesta placentera en el cerebro, algo similar a la causada por cocaína o chocolate.

Sin embargo, nuestro deseo de venganza es contraproducente. El sentimiento perdura incluso después de la lucha de cualquier batalla o el arrojo de cualquier insulto, y usualmente no ganamos nada de valor luego de vengarnos sobre alguien.

¿Entonces por qué siquiera evolucionó? Tal vez porque, desde una perspectiva evolucionaria, la venganza puede ser comprendida como un disuasivo. Si un potencial atacante tiene presente que la venganza es posible, tendrá que considerar los riesgos de largo plazo de seguir con su ataque. Estas consideraciones podrían disuadirlo.

También es notable que, como veremos más adelante, nuestro deseo de venganza puede ser motivado por nuestra comprensión moral, nuestro sentido de qué está bien y qué está mal. De acuerdo a este entendimiento, tendemos a pensar que no sólo las buenas acciones deberían ser devueltas, sino también las malas.


El sadismo es un escaso y extraño fenómeno que parece ser un gusto adquirido.

El siguiente motivador de la violencia humana que vamos a observar no es solamente raro sino monstruoso: el sadismo, infligir deliberadamente daño en alguien solamente porque ver el sufrimiento que causa es experimentado como placentero.

En estos días el sadismo es afortunadamente muy raro en su forma pura, y es más probable que se lo encuentre emparejado con otros motivadores de la violencia, como la venganza.

En el pasado, no obstante, parece que el sadismo era mucho más común. Por ejemplo, en la antigua Roma y en las eras medievales era usual torturar hasta la muerte a los prisioneros en enormes estadios solamente para el placer de una tribuna pública. Aún así, incluso en esas épocas, el sadismo era mucho menos común que los otros motivadores de la violencia.

Mirando más de cerca al fenómeno, el sadismo parece ser algo de un “gusto adquirido”. Toma un tiempo acostumbrarse, pero una vez que sucede puede incluso volverse adictivo.

¿Cómo puede ser esto? Normalmente, ver a otra criatura sufrir por ninguna razón se siente inherentemente cuestionable. Sin embargo, parece que una vez que cualquier repulsión inicial haya sido dominada, la conducta sádica puede volverse altamente placentera, incluso adictiva; piensa en los asesinos seriales, por ejemplo.

Es difícil para nosotros tener certeza del rol que tiene el sadismo en la evolución humana, pero podríamos especular que se ha desarrollado como un instinto diseñado para tener efecto solamente en condiciones extremadamente violentas. En tal brutal entorno, tener un instinto sádico podría potencialmente ayudar a nuestra supervivencia, y la violencia alrededor podría entonces activar este instinto.

De cualquier forma, solamente podemos estar agradecidos de que este desconcertante y horrible fenómeno es poco común hoy en día.


Ideología: Luchas bien intencionadas por lograr un mundo mejor han causado terribles cantidades de derramamiento de sangre.

Echemos un vistazo al motivador final de la violencia: la ideología, una creencia compartida de que un bien mayor es tan utópico que alcanzarlo garantiza y necesita actos de violencia ilimitada.

En este sentido, la violencia ideológica es similar a la depredación: es instrumental para conseguir lo que queremos. La diferencia es que el motivo de la violencia ideológica trasciende los motivos de los individuos de un grupo: la Ideología pugna por crear un mundo mejor.

Desafortunadamente, parece que los humanos tenemos numerosos rasgos que nos hacen ser fácilmente influenciables por ideologías violentas. Por ejemplo:

  • Los humanos gustan de separar a las personas del mundo en ingroups (aquellos grupos a los que pertenecemos) y outgroups (grupos a los que no pertenecemos). Entonces tendemos a desarrollar hostilidad hacia aquellos grupos a los que no pertenecemos y afinidad con nuestros grupos a los que sí.
  • También tendemos a caer presos de la polarización. Cuando las personas con ideas similares son puestas juntas en un grupo, sus ideas tienden a acercarse y alinearse mucho más y, finalmente, se vuelven más extremas y radicales. Esto lleva usualmente a la creación de ideologías potencialmente peligrosas.
  • Estamos comúnmente influenciados por el pensamiento grupal, que se refiere a la falta de voluntad de los miembros a cuestionarse las ideas del grupo, por temor a crear discordia. Esto significa que incluso ideologías muy tóxicas puedan crecer sin ser cuestionadas.
  • Nuestro deseo de conformidad social significa que aquellos que no están conformes con una ideología son castigados, lo que puede llevar a que sean convertidos por medios de intimidación o violencia.

Lamentablemente, rasgos como estos pueden hacer posible que una simple persona engendre ideologías peligrosas, y de hecho, así han surgido muchas ideologías devastadoras en la historia.

¿Cómo así?

Por ejemplo: una persona sugiere que por eliminar a cierto outgroup demonizado, un presumido ingroup podría conseguir algún ideal utópico. Un pequeño grupo de individuos concuerda y difunde la idea, castigando a aquellos que no concuerdan. Intimidados, grupos cada vez más grandes de personas comienzan a respaldar la idea, mientras que los escépticos son aislados o silenciados. Los seguidores están tan adeptos en racionalizar sus acciones que fácilmente actúan en contra de su propio juicio, y así los medios de supresión crecen hasta volverse severos.

Muchas atrocidades se han cometido por tales ideologías, como puede ser visto en ejemplos como el Holocausto y las purgas de Stalin.

Todos estos motivadores de la violencia pintan un cuadro oscuro sobre la naturaleza humana. Aunque, felizmente como verás a continuación, también tenemos tendencias que nos alejan de la violencia.


La Empatía evolucionó para que cuidemos de nuestras familias, pero también podemos aprender a tener empatía por otros grupos.

El primer ángel interior de nuestra naturaleza que reduce nuestra tendencia hacia la violencia es la empatía: tener una preocupación altruista por el bienestar de los demás.

¿Pero por qué evolucionamos en seres empáticos?

Desde un punto de vista evolutivo, la empatía se desarrolló inicialmente para motivar a las personas a cuidar de sus parientes, especialmente a sus hijos.

Un resultado de esto es que tendemos a sentirnos empáticos hacia aquellas criaturas que tengan la simetría facial de niños humanos. Por ejemplo, las focas bebés evocan más empatía que las ratas, y convictos con caras de niños reciben sentencias más indulgentes que otros criminales.

Luego en nuestra evolución, la empatía también nos ayudó a desarrollar relaciones recíprocas y altruistas con los desconocidos, permitiéndonos participar en favores mutuamente beneficiosos, como el comercio de recursos.

Debería señalarse, sin embargo, que la empatía humana no es impulsada por mero intercambio frío y preciso de recursos; sino que debe establecerse una relación más relajada y duradera, muy parecida a la que hay entre miembros de una familia.

Además de ser capaces de generar empatía hacia sus parientes cercanos, hay evidencia de que es posible para los humanos aprender a extender su empatía a los demás.

Por ejemplo, podríamos ser capaces de cultivar empatía al llevar la atención a las similitudes entre los diferentes grupos de personas. Esto es debido a que, como muestran los estudios, gracias a las raíces familiares de la empatía, tendemos a actuar empáticamente hacia las personas con quienes tenemos cosas en común.

Además, podemos mejorar nuestra empatía al aprender más sobre otros, particularmente si aprendemos de ellos a través de sus propias y únicas perspectivas sobre el mundo.

Sin embargo, la empatía también tiene un lado oscuro, ya que puede llevar a la injusticia: En un estudio, los investigadores le dijeron a los sujetos acerca de Sheri, una niña de diez años quien estaba sufriendo de una grave enfermedad. Como resultado de la empatía que tenían con Sheri, los sujetos estaban dispuestos a dejarla saltarse la línea de espera para el tratamiento médico, incluso si esto significaba dejarla pasar por sobre otros que estaban en mayor necesidad y urgencia que ella.


El auto-control nos ayuda a resistir los impulsos violentos y puede ser fortalecido o debilitado por la práctica.

Todos conocen la representación de la tentación y la consciencia como un ángel y un demonio sobre los hombros de una persona, donde la persona intenta resistirse a ser tentado por las palabras del demonio.

De hecho, esta analogía de una real conducta humana es más precisa de lo que puedas pensar: estudios sugieren que nuestros impulsos y nuestra resistencia a ellos vienen de partes totalmente diferentes del cerebro.

Usamos la corteza prefrontal, la cual gobierna la toma de decisiones compleja y el pensamiento racional, para tomar decisiones racionales sobre cosas como las recompensas. Pero a veces la otra parte más primitiva del cerebro, llamado el sistema límbico, entra en acción. Por ejemplo, cuando una recompensa inmediata es ofrecida, el sistema límbico envía un impulso para aprovechar la oportunidad, sin importar lo que cueste, incluso cuando esto no tenga ningún sentido racional.

La corteza prefrontal debe controlar tales impulsos para que podamos tomar una decisión racional. En esencia, esta es la base neurológica para nuestro auto-control, o fuerza de voluntad.

Es más, los datos indican que sin tal auto-control, estamos más propensos a actuar violentamente: escaneos cerebrales de personas violentas muestran cortezas prefrontales más pequeñas.

Afortunadamente, los estudios también sugieren que la fuerza de voluntad puede ser fortalecida a través de la práctica.

Los sujetos que fueron instruidos a realizar varios ejercicios de auto-control, como anotar todo lo que comían o enrolarse en regímenes de ejercicios físicos, demostraron una resistencia incrementada al agotamiento de la fuerza de voluntad y un mejor auto-control en general.

Esto aplica también a la violencia: históricamente, cuando los gobiernos prohibían la violencia, los ciudadanos tenían que aprender a mantener sus impulsos agresivos en calma. Esto significa que tenían que entrenar y fortalecer su fuerza de voluntad, lo que acababa por convertirlos en personas menos violentas.

Sin embargo, parece que la fuerza de voluntad puede también ser debilitada a través, por ejemplo, de una pobre nutrición. Los estudios indican que niveles bajos de azúcar en la sangre afectan negativamente a la fuerza de voluntad.

Esto sugeriría que, como el estado general de la nutrición del mundo está mejorando, la violencia debería también declinar mientras el auto-control se fortalece.


Nuestro sentido de moralidad puede aumentar o disminuir la violencia, pero afortunadamente se está inclinando hacia lo segundo.

El sentido de moralidad de la humanidad juega un interesante rol dual en la conducta violenta:

Al pasar de los años, ciertas personas como los homosexuales o herejes han sido asesinados en el nombre de lo que está considerado como bueno y malo. Pero en la otra mano, nuestro sentido moral también nos ha llevado a una reducción en la violencia, a través, por ejemplo, de nuestro esfuerzo por conseguir la igualdad racial.

Una dualidad como esta puede ser mejor entendida al mirar los cuatro temas o modos alrededor de los cuales se mueve nuestra conducta moral:

El compartir comunal: Dentro de un grupo o comunidad, es bueno ser leal al grupo, compartiendo recursos e ideas. Este tema promueve la paz y cooperación, pero desafortunadamente puede también motivar la persecución de los no-conformes, en algunos casos llevando incluso a las ideologías genocidas.

La jerarquía de la autoridad: Las autoridades merecen la obediencia y lealtad de las personas que gobiernan, y, en retorno, las autoridades están obligadas a proteger a sus servidores. Esto puede asegurar el bienestar de la humanidad, por ejemplo, cuando una reina asegura la seguridad de sus súbditos. Pero, por otro lado, este mismo modo puede también justificar más jerarquías destructivas, como la esclavitud.

El emparejamiento equitativo: el cual se refiere a la reciprocidad de los humanos, en otras palabras, al hacer y devolver favores. Este modo motiva la paz porque tiene un comercio global incrementado, desanimando a las naciones de entrar en conflicto que pueda dañar sus economías. Sin embargo, el emparejamiento equitativo es también una causa de violencia, ya que estimula la venganza del “ojo por ojo”.

Finalmente, está el precio del mercado, el cual concierne a las transacciones impersonales tan prevalentes al día de hoy con, por ejemplo, los vendedores y proveedores de servicios. La mayoría de las personas diría que está mal usar estos servicios, como por ejemplo, cenar en una restaurante, sin pagar. Como el emparejamiento equitativo, el precio del mercado puede ayudar a maximizar el bienestar general pero también puede motivar la avaricia de la riqueza amoral, por ejemplo, con la esclavitud y el tráfico de humanos.

A pesar de que nuestro sentido moral puede dirigirnos o alejarnos de la violencia, afortunadamente se inclina cada vez más hacia lo último en forma de movilidad incrementada y difusión de nuevas ideas que están negando las partes negativas de muchos modos.


La razón nos motiva a buscar la paz y la no violencia, y nuestra facultad de razonar está aumentando.

Podrías pensar que la razón no es inherentemente buena de por sí. Después de todo, puede ser dirigida, por ejemplo, hacia la determinación de cómo usar la violencia de la mejor manera para adquirir lo que uno quiere.

Pero de hecho la razón sólo se desarrolla en criaturas que, gracias a la selección natural, valoran su propia vida y bienestar. Con ese fin, ellos son más propensos de usar la razón para perseguir un mundo de paz, y no uno de violencia.

Esto es obtenido de varias formas.

Primero, los políticos usan la razón en sus intentos de maximizar la paz y minimizar la violencia. En la Crisis del Misíl de Cuba, por ejemplo, Kennedy y Khrushchev intencionalmente usaron la razón para reenfocar su problema como una trampa compartida de la que ambos tenían que escapar sin morir en el intento. Esto los puso a ambos del mismo lado.

Además, la razón es un método efectivo para derrumbar supersticiones que incitan a la violencia, como la creencia de que las brujas invocan hechizos y deben ser quemadas en estacas.

Finalmente, la razón es necesariamente impersonal, así nos permite mirar a las cosas de forma imparcial, en vez de una perspectiva subjetiva y, a veces, egoísta. En vez de pensar en términos de sólo nosotros, la razón nos ayuda a pensar en términos de “X”s e “Y”s, lo cual sirve para el bienestar común.

Afortunadamente nuestra capacidad para razonar realmente parece estar aumentando.

De hecho, de acuerdo al Efecto Flynn, descubierto por el filósofo James Flynn, los puntajes de Coeficiente Intelectual aumentan en promedio tres puntos por década. Esto significa que si un adolescente promedio hoy en día viajara al pasado a 1910, sería más inteligente que el 98 por ciento de sus contemporáneos.

El incremento es particularmente evidente en el razonamiento abstracto, el cual es esencial para la habilidad de ver las cosas desde la perspectiva del otro. Las razones para este cambio incluyen el aumento de la escolaridad y un mayor énfasis en el razonamiento crítico.

Felizmente, un mejor razonamiento parece llevar a una reducción de la violencia. De hecho, la investigación indica que las personas que son buenas razonadoras son menos violentas, más cooperativas y sostienen puntos de vista en política y economía que son más compatibles con la paz.

Ahora que entendemos cómo los ángeles que llevamos dentro nos ayudan a alejarnos de cometer actos violentos, observemos a las seis principales tendencias históricas del pasado que han mejorado el impacto de nuestros ángeles superiores, a la vez que redujeron el impacto de nuestros demonios internos.


El proceso de la pacificación comenzó hace 5,000 años, cuando los estados comenzaron a monopolizar la violencia.

Hace unos 5,000 años, la gente comenzó a transformarse de pequeñas sociedades nómadas que recolectaban y cazaban a unas sociedades agrícolas con gobiernos formales. Este proceso de pacificación trajo consigo una reducción de la violencia.

¿Por qué?

Contrario a la creencia popular de que las tribus nómadas fueron “pacíficas administradoras de la tierra”, en realidad fueron grupos considerablemente violentos. Por mucho tiempo, esta violencia fue minimizada por los antropólogos, porque se centraban en recordar con suma de detalles las atrocidades cometidas contra las tribus primitivas, como la esclavitud, cuando aún eran consideradas “salvajes”. Así, los antropólogos empezaron a resaltar la naturaleza pacífica de las tribus, incluso cuando se confrontaban con evidencia que demostraba lo contrario.

Los hechos dicen que los grupos cazadores-recolectores batallaban entre sí por quedarse con áreas de caza y pozos de agua; secuestraban a mujeres de tribus vecinas e incluso se cobraban violentas venganzas sobre otros para disuadirlos de futuros ataques. En efecto, las estadísticas sugieren que aproximadamente el 15 por ciento de las muertes en las tribus cazadoras-recolectoras fueron por cuestiones violentas, en contraste al uno por ciento en sociedades de estado.

Tras este caos, el surgimiento de los estados agrícolas con gobiernos formales llevó a una reducción de la violencia porque básicamente la monopolizaron.

En tales sociedades, solamente el estado en sí podía aplicar la violencia sobre los demás, mientras que a los individuos se les castigaba si la ejercían.

Inicialmente, la razón de que los estados quieran reducir la violencia no fue para proteger a sus ciudadanos de cualquier daño. De hecho, los estados eran el único y más grande perpetrador de violencia contra sus propios ciudadanos. A parte de también infligir una considerable cantidad de violencia sobre otros estados.

Sino que entendieron que el conflicto societal quita tiempo y recursos sacados de la producción, y una caída en la productividad disminuiría los ingresos para el gobernante del estado. Así, la consecuente reducción de la violencia fue beneficiosa para ambos, gobernantes y ciudadanos por igual.

Con el paso del tiempo, los gobiernos se han preocupado cada vez más en reducir la violencia por el bien común. Por supuesto, la violencia de estado contra estado se mantiene como un problema que debe ser abordado en muchas partes del mundo.


A medida que los estados crecían y el comercio florecía, acumular riqueza a través del trabajo honesto se volvió más atractivo que a través de la violencia.

El segundo cambio histórico de mayor relevancia que redujo la violencia fue el proceso de civilización. A partir del siglo XV en Europa Occidental y continuando hasta nuestros días, este proceso ha sido impulsado por dos fuerzas.

La primera es el aumento en el tamaño y fuerza de los estados Europeos durante el período.

En la Edad Media, la vida era violenta y los estados eran solamente pequeñas fincas, gobernadas por caballeros. Estos caballeros estaban en constante batalla unos contra otros, cada uno intentando matar a los campesinos del otro para privarlo de los ingresos.

A parte de esto, la sociedad en sí era extremadamente brutal, un hecho comprobado incluso en su elección de entretenimiento. Un juego popular incluía a los jugadores compitiendo en matar a un gato clavado a un poste. La cuestión era que las manos de los jugadores estaban atadas a sus espaldas, así que tenían que usar sus cabezas para golpear al animal, arriesgándose a que la frenética criatura les arranque los ojos.

Pero los avances en armamento y estrategia militar permitieron a algunos caballeros a ganar cada vez más poder y por tanto consolidar los muchos terrenos dispares. De hecho, desde el siglo XV hasta 1953, el número de estas propiedades independientes en Europa cayó de 5,000 a solamente 30.

A medida que los caballeros se convertían en reyes de extensos dominios, también se interesaban cada vez más en limitar los conflictos causantes de pérdidas económicas que ocasionaban sus sujetos, y por tanto comenzaron a castigar la violencia indiscreta.

Por otro lado, la segunda fuerza detrás del proceso de civilización fue, en efecto, que las redes comerciales se hicieron más grandes y más rentables.

Este desarrollo fue impulsado por los avances en la tecnología y la infraestructura: Con el fin de gobernar sobre estas grandes áreas, los caminos se hicieron más seguros y el comercio se vio mejorado y difundido. También, ciertos inventos, como los relojes, molinos de viento, herraduras y una moneda nacional incrementaron la productividad e hicieron más accesible al comercio.

Pero, ¿cómo esto hizo que se redujera la violencia? Primero, el comercio otorgó una atractiva y pacífica manera de ganar riquezas, y entonces muchos dejaron de lado la violencia en favor de esta.

Segundo, el comercio desanimó el uso de violencia porque dependía de relaciones recíprocas: en concreto, la persona con que comerciabas tenía más valor para ti viva que muerta.


La Revolución Humanitaria redujo la violencia predicando que incluso las personas despreciadas se merecen un trato humano.

El tercer declive principal de la violencia comenzó en la Europa de los siglos XVII y XVIII, y luego se expandió por todo el mundo. Fue causado por la emergencia de una filosofía humanitaria donde las personas que antes fueron tratadas con crueldad o perseguidas, comenzaron a ser tratadas humanamente.

Los efectos de esta revolución humanitaria se vieron ampliamente en un número de áreas.

Una es la disminución de asesinatos en nombre de la superstición y la religión. Esto puede ser visto en la prohibición de la quema de brujas en gran parte de Europa en el siglo XVII, donde previamente había sido una práctica común. Además, luego de la devastación de Europa causada por las Guerras Religiosas entre Protestantes y Católicos, el tratado de Paz de Westfalia de 1648 finalmente permitió algún grado de libertad religiosa y protección frente a la persecución.

Otra consecuencia alrededor del mismo período fue el declive de la esclavitud, una práctica común desde el inicio de la civilización que causó una miseria insondable en millones de personas.

El último efecto principal fue que los criminales también empezaron a ser tratados más humanamente. En tiempos pasados, ellos eran rutinariamente torturados y mutilados, y la pena de muerte era usada incluso para crímenes menores como el robo de verduras o el chismorreo. A partir del siglo XVII, sin embargo, la tortura de criminales fue abolida, y en el siglo XVIII el uso de la pena de muerte empezó también a declinar.

Todas estas reducciones de violencia, de hecho, estuvieron conectadas, ya que derivaron de una filosofía que emergió durante los siglos XVI y XVII: el humanismo.

El humanismo puede ser definido como una filosofía que valora la vida y la felicidad humanas por sobre todas las demás cosas, y usa la razón y la evidencia empírica como la fuerza impulsora detrás del diseño de las instituciones.

Una probable causa del crecimiento del humanismo fue el gran invento del siglo XVI: la prensa escrita. Permitió la difusión de ideas e hizo que las personas aprendan sobre otras personas, ofreciéndoles una probabilidad de ver las cosas desde su perspectiva, y por tanto estimulaba la empatía y el desarrollo de la razón.


La larga paz después de la Segunda Guerra Mundial siguió a un declive general de 500 años en conflicto.

Midiendo el período desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el día de hoy, la larga paz fue otro cambio histórico que nos alejó de la violencia.

Durante este período, la violencia de las guerras disminuyó enormemente. De 1945 a 1955, el número de muertes alrededor del mundo proveniente de conflictos militares era de aproximadamente 17 por cada 100,000 personas. Sin embargo, en la última década, este número ha alcanzado un punto mínimo de 1 por cada 100,000 personas.

Esto se debe al hecho de que las mayores potencias del mundo están simplemente luchando menos, especialmente una contra otra, una tendencia también visible en la perspectiva histórica de los últimos 500 años.

Durante el siglo XVI y XVII, las grandes potencias del mundo estaban en batallas entre sí aproximadamente el 85 por ciento del tiempo. Entre 1850 y 1950, esta figura cae a cerca del 15 por ciento, y en la última mitad del siglo XXI, las mayores potencias no han luchado entre sí en absoluto. De hecho, a mediados de la década de 1980, las más grandes potencias del mundo han tenido paz unas con otras por el más grande período de tiempo desde el Imperio Romano.

¿Qué hay detrás de este acontecimiento? Unas cuantas cosas.

Primero, el proceso de civilización discutido previamente resultó en pocos estados pequeños compitiendo y luchando por poder. Además, hizo que el comercio sea más rentable, desalentando aún más la guerra.

Segundo, la creciente separación de la iglesia y el estado durante este tiempo ha resultado en una reducción en el uso de la religión como una excusa para la guerra.

Finalmente, los filósofos de la Ilustración que defendían la importancia de la razón y el bienestar humano, comenzaron a debatir que el rol del gobierno no debería ser el de aumentar la gloria del gobernante, lo cual llevaba tradicionalmente a la guerra, sino en cambio el mejorar las vidas de sus ciudadanos, lo cual implica evitar la guerra.

Estos factores combinados redujeron enormemente la inclinación a la guerra a gran escala, y la violencia que genera.


La Nueva Paz después de la Guerra Fría ha resultado en menor cantidad de conflictos, genocidio y terrorismo.

El quinto principal cambio histórico para reducir la violencia ocurrió en el período post-Guerra Fría, desde 1991 hasta el día de hoy.

Durante este período hemos visto una amplia disminución de la violencia, dado que incluso los conflictos y las guerras a pequeña escala decrecieron.

Mientras que las grandes potencias no se enrolaron directamente entre sí durante la Guerra Fría, las guerras subsidiarias ocurrieron en estados menores, donde los Estados Unidos o la Unión Soviética financiaban grupos que simpatizaban con sus respectivas causas. Pero a medida que la Guerra Fría llegaba a su fin, las razones para estos conflictos también acabaron.

Al mismo tiempo, las guerras civiles han disminuido a medida que un creciente número de países ha adoptado las reformas democráticas, erradicando la necesidad de tales conflictos. La comunidad internacional ha ayudado en este aspecto al ofrecer apoyo financiero para regresar a las reformas democráticas y al establecer fuerzas de mantenimiento de la paz para sostener los ceses al fuego en las zonas de conflicto.

Otro declive de la violencia tiene su causa en que monstruosidades tales como los genocidios se han vuelto cada vez más raros, a pesar de que lamentablemente siguen pasando de cuando en cuando, como en Ruanda o la que era Yugoslavia. La principal razón para esta reducción es que las ideologías que llevaron a masacres pasadas (por ejemplo, el Marxismo más violento que causó las atrocidades de Pol Pot), han sido reprimidas. Otra razón es que los gobiernos democráticos no tienden a enrolarse en tales carnicerías, y así, el aumento de la democracia alrededor del mundo ha llevado a menos asesinatos masivos.

Finalmente, tenemos a la reducción en el terrorismo. Sí, ha disminuido, a pesar de la contraria creencia popular, alimentada por eventos como del 9/11 en Nueva York.

El terrorismo político era, de hecho, relativamente frecuente en las décadas de 1960 y 1970, gracias a organizaciones como el Movimiento de Conciencia Negra, la Liga de Defensa Judía y el Clima Subterráneo.

A pesar de que los números de muertes relacionadas al terrorismo alcanzaron su pico a mediados de los 80s, con alrededor de 0.2 muertes por 100,000 personas, para el 2009 esa figura se redujo a la mitad. Esta reducción fue impulsada por el final de la Guerra Fría y el apoyo brindado a los terroristas por los destacamentos de dicha guerra. Felizmente, han habido signos recientes que, desde el 2007, el apoyo al terrorismo también está en caída en el mundo Musulmán.


La Revolución en los Derechos de la década de 1960 redujo la violencia contra grupos marginados, como las mujeres y minorías raciales.

El último cambio histórico por el cual se redujo la violencia es la era de la Revolución en los Derechos, que emergió de los movimientos por los derechos humanos de 1950 y 1960 y ha durado hasta el día de hoy. Esta era trajo una reducción de la violencia contra numerosas minorías y grupos marginados.

Esta disminución puede ser vista como una continuación de la Revolución Humanitaria, la cual convirtió a los individuos humanos en tema de central importancia, sin importar su raza, sexo u otros atributos corporales.

Por ejemplo, los movimientos de derechos civiles disminuyeron la discriminación racial y las actitudes racistas, de este modo reduciendo la violencia. Si bien a los inicios de los 60s cerca del 50 por ciento de las personas decía que se mudaría si tuviera vecinos negros, en los 80s el porcentaje de tales personas bajó a menos del 10 por ciento. De forma similar, los asesinatos y asaltos motivados por el racismo han disminuido y continúan reduciéndose.

También el movimiento por los derechos de las mujeres ha fomentado la igualdad entre los sexos. Antes, las mujeres eran consideradas una mera propiedad de sus esposos, lo que significaba que, por ejemplo, la violación marital y el abuso doméstico no eran considerados crímenes en absoluto. Afortunadamente, en el último cuarto de siglo ha decrecido enormemente la violencia contra las mujeres en todas sus formas.

Profundizando en el tema, la promoción de los derechos de los niños llevó también a una menor violencia. Hasta finales del siglo XX, el castigo corporal a los niños era algo trivial, como en Alemania, por ejemplo, donde niños obstinados eran puestos sobre estufas al rojo vivo o amarrados a los postes de sus camas por varios días. Pero en las últimas décadas, el abuso físico de niños se ha reducido a la mitad en muchas partes del mundo.

Por otra parte, el abuso y violencia contra los homosexuales, antes desenfrenada e incluso avalada por los gobiernos, también está en declive en Occidente. El movimiento de los derechos de los gays ha llevado a una revolución en las actitudes Occidentales, dando como resultado que se despenalice la homosexualidad en casi 120 países. Lamentablemente, en varias otras partes del mundo, la violencia contra los homosexuales continúa siendo un problema mayor.

Las revoluciones por los derechos incluso se extendió a los animales, cuyo abuso en las pruebas que los usaban, por ejemplo, ha sido reprimido gracias a los derechos que se les proporcionó.


Resumen

El mensaje principal de este libro:

A pesar de lo que la mayoría de las personas piense, no estamos viviendo particularmente en tiempos violentos. La violencia está en la actualidad en su punto más bajo históricamente, porque los motivadores que nos alejan de cometer actos violentos están cada vez más ganando terreno sobre los motivadores más primitivos y brutales que nos animan a violentar. Esta dinámica ha resultado en una permanente reducción en los conflictos entre los países y entre los grupos de personas.

Consejo para actuar:

Intenta ver las cosas a través de los ojos de los demás para reducir cualquier impulso violento.

La investigación indica que las fantasías violentas son bastante comunes, incluso para los idealistas estudiantes universitarios, y que principalmente involucran venganza. La próxima vez que estés enojado por una ligereza o insulto percibido (quizás hasta el punto de tener una fantasía violenta), intenta imaginar el escenario desde la perspectiva de la otra persona. ¿Podría ser que fue un malentendido? ¿Podría ser que la otra persona estuvo teniendo un mal día? Tratar de ver las cosas desde la perspectiva de otra persona desarrolla la empatía y reduce la urgencia de llegar a la violencia.

Usa la razón y observa impersonalmente las situaciones “injustas”.

La próxima vez que sientas que estás siendo tratado injustamente, intenta poner la situación en términos impersonales: Imagina que la misma situación le suceda a alguien desconocido y piensa sobre lo que tú considerarías justo. Esto te ayuda a mirar el asunto a través de los lentes de la razón, comprendiéndola desde una perspectiva más neutral.

Recuerda que la violencia todavía existe, por tanto tú deberías hacer tu parte para que continúe disminuyendo.

Ten en mente que a pesar de que la violencia ha disminuido, no ha desaparecido, y por tanto no estamos aún en tiempos de felicitarnos de nada. En cambio, debemos continuar practicando y promoviendo esos factores que han llevado a la reducción de la violencia hasta el día de hoy.

[Traducción realizada del libro resumido The Better Angels of Our Nature de Blinkist.]

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