“Grandeza Prima” (Primary Greatness) [LIBRO RESUMIDO]

Por Stephen Covey

Grandeza Prima [Primary Greatness] (2015), explica que cualquiera puede tener una vida satisfactoria. Es tan simple como priorizar las cosas que son verdaderamente importantes. En vez de intentar parecer exitoso acumulando estatus, fama y dinero, deberías enfocarte en encontrar el verdadero éxito con el desarrollo de tu carácter interno – una tarea que las 12 palancas del éxito hacen de manera sencilla.

Stephen Covey es el autor del libro éxito en ventas internacional Los 7 Hábitos de las Personas Altamente Efectivas, el cual vendió más de 25 millones de copias. Gracias a su trabajo sobre el desarrollo de negocios y la educación, fue reconocido como uno de los 25 Americanos más influyentes de la revista Time.


Encuentra el éxito duradero.

A menudo confundimos símbolos como éxito. Ese hombre está conduciendo un Maserati: debe haber encontrado el éxito. Esa mujer está usando accesorios de Louis Vuitton: ella debe haber encontrado el éxito. Pero esta perspectiva es totalmente superficial.

Como aprenderás en este resumen, el éxito real no puede ser visto o medido en adornos materiales. Es una cualidad interna, algo que cualquiera puede desarrollar – sin la necesidad de carros de lujo o zapatos extravagantes.

¿Cómo puedes construir estas vitales cualidades internas? Debes escuchar el consejo del gurú de la superación personal, Stephen Covey, y concentrarte en trabajar las 12 palancas del éxito. Este resumen explica qué son estas palancas y cómo puedes utilizarlas por ti mismo. Sigue este consejo y no pasará mucho tiempo antes de que disfrutes de una vida satisfactoria y llena de paz que sea dirigida por la grandeza prima.


El carácter interno es el conductor del éxito verdadero, y puede ser desarrollado.

¿A qué se parece el éxito? ¿Son ternos de Armani, relojes Rolex, Ferraris de rojo intenso y una copa de champagne en la mesa de una casa en alguna playa exclusiva? Seguro, estos pueden ser algunos de los símbolos de la riqueza – pero ciertamente no son signos de éxito.

El éxito verdadero no se puede ver. Viene de adentro y es generado por lo que el autor llama la grandeza prima, la cual viene naturalmente a aquellos que personifican cualidades admirables como integridad, honor, persistencia, generosidad y un compromiso a un propósito que trasciende lo personal.

La grandeza secundaria, en contraste, puede ser vista. Es la apariencia del éxito – el dinero y la fama y todos los símbolos notables del estatus, desde carros a trajes y casas.

Sin embargo, mientras que la grandeza prima lleva a la realización y paz interior, la grandeza secundaria se estanca en los placeres pasajeros y la seguridad financiera.

Ahora bien, si no has pasado tu vida fomentando atributos internos como el honor y la incondicionalidad, no te espantes. Está científicamente comprobado que tales rasgos pueden ser desarrollados.

En Michigan, allá en 1965, el Proyecto del Nido Perry comenzó a seguir las vidas de 123 niños de nivel inicial. Fueron divididos en dos grupos – prueba y control – y el grupo de prueba aprendió, a una temprana edad, a posponer la gratificación, haciendo tareas aburridas y de pocas recompensas.

Nos adelantamos 50 años en el futuro, y aquellos del grupo de prueba fueron mucho más exitosos. Comparados con aquellos del grupo de control, la mayoría de los miembros del grupo de prueba se graduaron y encontraron trabajo, y sólo pocos fueron arrestados. Todo esto gracias a que, en el nido, ellos construyeron un poco de grandeza prima al desarrollar atributos como integridad y persistencia.

Entonces, ¿qué puedes hacer tú para desarrollar tu carácter?

Bueno, como pronto aprenderás, hay 12 palancas del éxito, un grupo de principios que servirán como la base para tu grandeza prima. Estas palancas son integridad, contribución, prioridad, sacrificio personal, servicio, reciprocidad, diversidad, responsabilidad, lealtad, aprendizaje, enseñanza y renovación.

Estas 12 palancas son el resultado de la investigación exhaustiva del autor. Él ha sido instruido y ha aprendido de miles de personas en el mundo, y ha depurado sus descubrimientos en puntos esenciales para la grandeza prima.


Las autoafirmaciones y una mentalidad de abundancia prepararán el terreno para la grandeza prima.

Paz interior, una sensación de autorealización, prosperidad duradera – los beneficios de la grandeza prima son numerosos y magníficos. ¿Pero exactamente cómo haces para adquirirla? Hay unas cuantas técnicas útiles que prepararán a tu cerebro y lo harán más receptivo.

La primera es usar las autoafirmaciones.

Las autoafirmaciones son mensajes positivos entregados en primera persona y tiempo presente, de ti para ti. Estos mensajes afirman la vida que quieres vivir y te empujan a convertir tus aspiraciones en realidad.

Digamos que eres un procrastinador, una persona que se distrae fácilmente y malgasta el tiempo cuando tiene cosas más importantes que hacer, y quieres mejorar en tomar las riendas y terminar tus tareas. Tu autoafirmación podría ser algo como: “Es gratificante tomar el control y guiar mi propia vida, planeando proactivamente mi tiempo y cumpliendo mis planes.”

Una vez que hayas creado algunas autoafirmaciones que se ajusten a ti, puedes mejorar su eficacia haciendo dos cosas:

Primero, relájate. Cuando estás relajado, tus ondas cerebrales se ralentizan, haciendo que seas más receptivo a lo que reciben tus sentidos – y tú quieres ser tan receptivo como sea posible cuando estás recitando tus afirmaciones.

Segundo, recita tus afirmaciones cada día. Mientras más las digas, más probable es que se manifiesten.

La siguiente técnica es sobre tu perspectiva general de la vida, y requiere que cambies completamente tu mentalidad. En vez de obsesionarte con lo que te falta y escasea, tienes que empezar a enfocarte en la abundancia.

La mayoría de nosotros tiene una mentalidad de escasez – la cual es, que vemos el mundo a través de unas gafas de “ganar-perder”, creyendo que más para otros significa menos para nosotros, y rechazando oportunidades de cooperación y beneficio mutuo.

Pero esto es a menudo perjudicial para el éxito. Piensa en un “amarrabolas” en un equipo de baloncesto. Al acaparar los tiros y rehusarse a pasar el balón, ese jugador no sólo les quita a sus compañeros la posibilidad de anotar, sino que también baja la moral grupal, atenta contra los códigos del juego limpio y, más probable que no, les hace perder el partido.

Ahora, si ese jugador cambiara a una mentalidad de abundancia – donde el mundo es visto a través de unas gafas de “ganar-ganar”, y donde siempre hay suficiente para todos – se juntaría con sus compañeros de equipo y se daría cuenta de que, al pasar el balón y permitir que los otros jugadores lleven peligro al área rival, podrían en conjunto debilitar la defensa del equipo contrario y ganar el partido.


La integridad, la base de la grandeza prima, alinea tus valores, creencias y acciones.

Integridad. Es una palabra que se usa mucho y a menudo, pero, si te preguntaran, ¿serías capaz de definirla completamente? Bueno, debido a que es la primera de las 12 palancas del éxito y la base fundacional de la grandeza prima, es importante tener una definición clara.

El autor la desintegró en las partes que la componen, y encontró que la integridad es una combinación de dos rasgos: humildad y coraje.

Si eres lo suficientemente humilde para reconocer en dónde puedes mejorar y lo suficientemente valiente para emprender el trabajo de dicha mejora, estarás muy bien encaminado a convertirte en una persona de integridad.

Para tener una idea de cómo se ve la integridad en acción, veamos una situación en la vida del autor. Una vez, un amigo cercano al autor lo hirió profundamente – pero este amigo se dio cuenta de lo que había hecho y le ofreció una sincera disculpa. El autor, impresionado, le preguntó cómo lo había manejado, y el amigo le dijo que, luego de una profunda conversación consigo mismo, notó que tenía dos opciones: escuchar a su ego y dar una tibia disculpa o escuchar a su consciencia y dar una de todo corazón.

Requirió humildad reconocer que debía sentirse arrepentido y coraje para actuar tras este reconocimiento – y fue esta combinación la que dio como resultado que el amigo mostrara una verdadera integridad. Este acto de integridad tuvo un efecto muy poderoso, inspirando al autor a no sólo aceptar la disculpa, sino a perdonar el altercado inicial.

Entonces, tener integridad afectará positivamente a aquellos alrededor tuyo; pero también te formará de maneras beneficiosas – por ejemplo, alineando tus valores, creencias y acciones. Este alineamiento es llamado congruencia.

Si tienes congruencia, encontrarás mucho más fácil ganarte la confianza de otros. Esto es, en parte, porque simplemente pareces ser más auténtico. Al alinear tus acciones con tus creencias y valores, te despojarás de todos los motivos ocultos y planes secretos, y seguir tu camino y propósito se convertirá en algo natural.


Fomenta las palancas de la contribución y la prioridad, encontrando tu propósito.

Las personas necesitan un propósito. Sea escribir novelas o criar a una familia, un propósito llena a la vida de significado, le da al que lo posee una sensación de dirección y deber. Y aun así, sólo entre el cinco y diez por ciento de las personas se toman el tiempo de definir su propósito.

El propósito es crucial porque, sin él, no sabrás cómo contribuir al mundo, y la contribución es la segunda palanca del éxito. Para identificar tu propósito, comienza preguntándote tres preguntas: ¿Qué es lo que falta en el mundo? ¿En qué me destaco? ¿Y cómo podría contribuir haciendo algo que me guste?

Ten en cuenta que tu propósito podría estar en frente de tu nariz. A menudo, apuntamos muy alto y no notamos cómo podemos contribuir aquí mismo, en este momento.

Por ejemplo, considere al protagonista de la película Profesor Holland. Él sueña con convertirse en un brillante compositor, pero es forzado a trabajar como profesor de música, un trabajo que inicialmente no le gusta. Pero los años pasan y él empieza a amar a sus estudiantes. Al final, no se convierte en un famoso compositor. En cambio, él avoca su pasión en enseñar y contribuye ayudando a miles de estudiantes.

Así que mantente abierto a la posibilidad de que, sin darte cuenta, quizás ya hayas encontrado tu propósito – todo lo que tienes que hacer es identificarlo.

Una vez que hayas descubierto cómo contribuir al mundo, puedes enfocarte en la tercera palanca del éxito: la prioridad.

Priorizar es, principalmente, un asunto de diferenciar entre tareas importantes pero no urgentes y tareas urgentes pero no importantes. Las tareas importantes y no urgentes toman en cuenta tu propósito más amplio, y deberían ser siempre priorizadas.

Imagina que eres un doctor y que, mientras estás en una operación de corazón, una enfermera entra corriendo y dice que hay una llamada urgente para ti. Bueno, no importa cuán urgente sea la llamada, porque, en el propósito más amplio y relevante para ti, la supervivencia del paciente es la de mayor importancia de todas. La importancia siempre supera a la urgencia, así que no deberías contestar la llamada.

Este ejemplo también demuestra cómo un mayor propósito – en este caso, el propósito de salvar la vida del paciente – naturalmente lleva a priorizar lo que es más importante.


Las palancas del sacrificio y del servicio alientan las conexiones personales, que son esenciales para el éxito.

Quizás dejaste algunos platos en el fregadero, asumiendo que tu compañero debería lavarlos. Tal vez “accidentalmente” cortaste el paso a alguien en el tráfico. O quizás no te tomaste el tiempo para llamar a tu madre.

Sí, ser egoísta es normal. Sin embargo, si quieres formar relaciones significativas y productivas, tienes que enfrentar esas tendencias egoístas y nutrir la cuarta palanca del éxito – el sacrificio.

El sacrificio significa dejar a un lado tu ego y enfocarte en el bien mayor. Es sobre enfatizar el resultado del trabajo colaborativo, en vez de pedir el crédito por haber contribuido más, y, como la integridad, requiere humildad.

Por ejemplo, el presidente y vicepresidente de una compañía una vez tomaron juntos un viaje de negocios. En el segundo día del viaje, el vicepresidente despertó con una vista inesperada: el presidente estaba lustrando sus zapatos.

Él estaba sorprendido de encontrar al presidente envuelto en esta humilde actividad; parecía ser lo opuesto a lo presidencial. Sin embargo, también ayudó al vicepresidente a ver el lado humano del presidente, y, al final, consiguió que ambos hombres se hicieran más amigos.

Sacrificar tu ego no es terriblemente difícil – y puede ayudarte a recorrer un largo camino para crear lazos duraderos.

En ese sentido, es similar al servicio, el cual es la quinta palanca del éxito. El servicio es sobre hacer cosas para otras personas, y es la perfecta manera de reforzar las relaciones que el sacrificio te ayudó a crear.

Una forma de servir es hablar como si sólo te dirigieras a una sola persona, sin importar qué tan grande sea tu audiencia. Esto mostrará a otros que estás comprometido con ellos, que estás haciéndoles el servicio de estar presentes, y, en retorno, los ayudará a comprometerse contigo, tal y como demuestra la anécdota a continuación:

La estrella de una obra una vez tenía un problema de capturar la atención de su audiencia. Por fortuna, un amigo suyo tuvo la claridad mental para abandonar su asiento, acercarse al estrado y vocalizar las palabras: “dirígete a mí”. El actor entendió y comenzó a tratar a la audiencia como si fuera un compañero, una persona con sentimientos y pensamientos reales. Tan sólo por eso, la audiencia reconoció este servicio y le prestaron toda su atención hasta el final.


“No me importa cuánto sepas hasta que yo sepa cuánto te importa”.


Las palancas de la reciprocidad y la diversidad resultan en relaciones productivas.

Ahora que tienes una idea de cómo establecer y reforzar relaciones, echemos un vistazo a cómo hacerlas productivas. Peculiarmente, una de las mejores maneras de construir una relación beneficiosa con otros, es mejorar la confianza que tienes en ti mismo.

Un carácter seguro de sí mismo es, de hecho, la base o fundación de las dos palancas siguientes del éxito – reciprocidad y diversidad.

Tener confianza en uno mismo – esto es, un sentimiento profundo de seguridad interior – te permite mantenerte abierto a ideas desconocidas y nuevas opiniones. Y esta apertura te llenará de empatía, algo sin la cual las relaciones recíprocas no pueden existir.

Si eres inseguro, se te cerrarán las puertas. Las ideas diferentes y nuevas perspectivas se sentirán amenazadoras, porque para aquellos que no tienen confianza en sí mismos, una amenaza para un sistema de creencias se siente como una amenaza para la identidad personal.

Solamente después de establecer una sólida confianza en ti mismo, deberías comenzar a enfocarte en la reciprocidad, la sexta palanca del éxito. Pero, cuando actives esta palanca, hay dos cosas en las que enfocarse:

Primero, concéntrate en los lazos. Mientras más fuerte sea un lazo social entre dos personas, menos probable es que actúen de manera egoísta.

Segundo, mantén abiertos los canales de comunicación. Compartir y colaborar en problemas, y discutir posibles soluciones, incrementará la reciprocidad de cualquier relación.

La confianza o seguridad en uno mismo también es la base de la séptima palanca del éxito, la diversidad, que se trata de motivar todo un rango de opiniones, habilidades, personalidades e ideas. Estas cosas promueven la innovación y el optimismo – pero estarán bajo amenaza si tú y tu equipo no se sienten seguros de sí mismos.

Recuerda, las personas inseguras piensan que las diferencias son amenazantes, por lo tanto, con el fin de expulsar pensamientos limitantes, tienes que motivar a las personas a abrazar las diferencias y a expresarse abiertamente. En otras palabras, tienes que ayudarlos a tener confianza en sí mismos.

El autor señala que, cuando no hay diversidad de opiniones dentro de un equipo, hay esencialmente una sola opinión – y eso es malo para la creatividad e innovación. Nuevas y diversas ideas darán nacimiento a nuevos y diversos proyectos y productos; si aceptas las diferencias, estás encaminado a marcar la diferencia.


Mantente digno de fiar con las palancas de lealtad y responsabilidad.

Todos lo hemos experimentado. Ahí estás, en el bar con amigos o almorzando con colegas, y alguien comienza a hablar mal de un amigo o colega ausente. Tal comportamiento es común, pero es también horriblemente tóxico.

La octava palanca, lealtad, combate tal toxicidad al mantenerte al margen de faltar el respeto alguna vez a otras personas, sin importar si están presentes o no.

La lealtad y el respeto son importantes porque remueven las interacciones negativas que comúnmente llevan al etiquetado negativo, el cual tiene un efecto muy tangible y tóxico.

Digamos que un colega tuyo te insulta y, en consecuencia, lo etiquetas en tu mente como “odioso”. Incluso si nunca demuestras que lo encuentras odioso, él, en algún nivel de consciencia, se dará cuenta de cómo te sientes realmente, y sus acciones comenzarán a alinearse con tus expectativas de “odioso”, reforzando el círculo vicioso.

Así como deberías evitar ir etiquetando a la gente, nunca deberías decir nada sobre alguien que no le quisieras decir en su cara. Más aún, si alguna vez estás presente cuando alguien hable negativamente sobre alguien más, deberías combatir el etiquetado negativo mencionando unas cuantas cosas positivas sobre la persona ausente. Hablar por los que no pueden hacerlo es lealtad en su estado más puro, en un sentido general.

Por supuesto, no podemos ser siempre perfectos. Así sea el chismorreo o algún otro desliz, las personas cometen errores. Y ahí es donde la novena palanca, responsabilidad, entra en juego.

Tomar entera responsabilidad conlleva a reconocer completamente tus errores y a ofrecer una disculpa que no esté cubierta con excusas, argumentos defensivos o explicaciones. Si realmente quieres superar un error, tienes que aceptar toda la culpa; esa es la única manera de remover etiquetas negativas y recibir el perdón.

Y recuerda: una vez que eres disculpado, asegúrate que tus acciones resuenen con la disculpa que hiciste. Esto mostrará que fuiste sincero, y que tu disculpa no fue meramente una salida vacía.


“La última prueba de la grandeza prima es ser leal a las personas que están ausentes”.


La palanca de la enseñanza complementa y refuerza la palanca del aprendizaje.

Imagina que, en los próximos diez años, aprendes algo nuevo. Bueno, la verdad es que, si dejaras de aprender, te volverías irrelevante: tus habilidades y conocimiento no te llevarían a ningún lado en el mundo que exista dentro de diez años. ¿Entonces cómo puedes seguir creciendo y estar actualizado?

La mejor forma es mantenerse aprendiendo, la cual es la décima palanca del éxito.

Horst Schulze, el cofundador de la cadena de hoteles Ritz-Carlton, conoce esto bien. A pesar del costo, Schulze provee un programa diario de capacitación para sus empleados, porque él cree firmemente en la importancia del aprendizaje. Al ayudar a sus empleados a crecer, Schulze además hace crecer su compañía – porque una fuerza de trabajo con habilidades es la columna vertebral de su cadena de hoteles.

En un nivel más personal, hay muchas cosas que puedes hacer para mantenerte aprendiendo.

Podrías, por ejemplo, diseñar un currículum personal. Si estás interesado en los negocios, lee el Harvard Business Review o la revista Fortune. Hay revistas académicas para cada campo, así que tan sólo identifica tus intereses y sumérgete en ellas. Y, para expandir tus horizontes y hacerte más sabio, no rechaces los clásicos. Un poco de Shakespeare antes de dormir sólo puede hacerte bien.

Podrías entrar a tu propia universidad en línea. Mirar charlas TED; enrolarte en uno de los muchos cursos abiertos masivos en línea (MOOCs, por sus siglas en inglés); hacer uso de Khan Academy.

Y si realmente quieres aprender algo, asegúrate de usar la onceava palanca del éxito – enseñanza.

Tal y como el autor aprendió de Dr. Walter Gong, un profesor de la Universidad de Estado de San Jose, enseñar es la mejor forma de aprender. Durante la cena, el Dr. Gong siempre tenía a sus hijos enseñándole lo que habían aprendido cada día en la escuela – y, como consecuencia, los tres se graduaron con honores en las mejores universidades.

Enseñar funciona así de bien porque, cuando sabes que tendrás que hacerle entender el material a alguien más, estás forzado a realmente aprendértelo.

¡Esa es la razón de por qué cada estudiante debería aprender como un profesor!


Pon en balance tu salud física, mental y social para alcanzar la última palanca – la renovación.

Entonces, nos hemos estado enfocando mucho en las partes que componen la grandeza prima. Pero si realmente quieres servir a un mayor propósito, y vivir una vida autorealizada y pacífica, tienes que cuidarte a ti mismo. Y es ahí donde la doceava palanca, renovación, entra.

El cuidado a uno mismo es un asunto de balancear tu salud mental, física y social.

Una manera de inspirar hábitos que cuiden lo físico es imaginar que ya has tenido un problema grave de salud – digamos, que has tenido un paro cardíaco o has pasado por una cirugía contra el cáncer. Tan sólo al imaginar una crisis de salud así, debería motivarte a que rompas con cualquier hábito no saludable que puedas tener, sea trabajar demasiado o fumar cigarros.

Para mejorar tu salud mental, imagina que, en el tiempo de tres años, todo tu conocimiento profesional será obsoleto por los avances tecnológicos. Esto debería estimularte a priorizar el aprendizaje y la mejora de tus habilidades.

Para mantenerte socialmente saludable, imagina que cada persona en tu vida está siempre escuchando las cosas que dices sobre ellas. Esto debería alejarte de decir cosas de las que te puedes arrepentir y de ser muy crítico. Esto no quiere decir que deberías ser poco o nada crítico – sino que deberías ser amable en tu criticismo, y no decir las cosas sobre alguien que no les dirías directamente.

Si te enrolas constantemente con estas situaciones hipotéticas, serás capaz de ajustar tu mentalidad.

Es mucho más efectivo poner tu energía hacia tu salud física, mental y social que intentar seleccionar y alterar cada comportamiento negativo por separado, debido a que un enfoque más general influye en múltiples comportamientos al mismo tiempo.

La salud física, mental y social están además cercanamente interconectadas, y enfocarte en todas ellas es la mejor y más holística manera de cuidarse uno mismo.

Por ejemplo, si abandonas tus habilidades y conocimiento, puede que te despidan de tu trabajo, lo que te podría llevar a sentirte como una víctima y culpar a los demás. Esto, por tanto, afectaría tus relaciones sociales, y esto a su vez te haría sentir estrés, lo que podría comprometer tu salud física.

Un enfoque holístico para el cuidado de uno mismo es la mejor defensa contra el agotamiento y la cadena negativa de reacciones que la omisión de un área de estas tres puede ocasionar.


Resumen final

El mensaje principal de este libro:

Una vida centrada en hacer conexiones con y en servicio de otros es mucho más gratificante que una vida forzada en la búsqueda de placeres autocomplacientes como el estatus y el dinero. Y la mejor forma de encontrar una verdadera autorealización y una paz interna es establecer tu grandeza prima. Tú puedes hacer esto con la ayuda de las 12 palancas del éxito: integridad, contribución, prioridad, sacrificio personal, servicio, reciprocidad, diversidad, responsabilidad, lealtad, aprendizaje, enseñanza y renovación.

Consejo para actuar:

Lleva un diario del “viaje a la grandeza prima”.

Ten un diario para rastrear tu progreso hacia la grandeza prima y úsalo para coleccionar tus aprendizajes durante el camino. Apunta tu trascendental propósito y todas tus autoafirmaciones. Úsalo para registrar todas las situaciones donde has elegido la grandeza secundaria en vez de la primaria. Esto te ayudará a desarrollar tu consciencia mientras viajas hacia tus objetivos más ambiciosos.

[Traducido de la aplicación Blinkist, sobre el libro “Primary Greatness”].

Si te gustaría que resuma aquí cualquier otro libro, coméntalo por acá o en nuestra página de Facebook.

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