¿Puede Transmitirse el Trauma a través de nuestro ADN?

Por Jonathan Davis

Aprendiendo a liberarnos de un trauma antes de pasarlo a la siguiente generación

“El Trastorno de Estrés Postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés) es una tragedia de cuerpo entero, un evento humano íntegro de proporciones enormes con repercusiones masivas”. – Susan Pease Banitt

El Trauma Intergeneracional es la idea de que un trauma severo puede afectar a los hijos y nietos de aquellos que primero tuvieron la experiencia, debido a la convivencia con una persona que sufre de PTSD y los desafíos que ello trae. Lo nuevo es que, gracias al campo emergente de la epigenética, la ciencia está descubriendo de que el trauma está siendo transmitido a las futuras generaciones a través de más que simplemente los comportamientos aprendidos de nuestros ancestros.

Un ejemplo ampliamente reportado es el de los sobrevivientes del holocausto transmitiendo los efectos del trauma a sus hijos y nietos. Parece que el trauma o sus efectos están siendo transmitidos a través de nuestros genes, y esto tiene enormes consecuencias para nosotros como especie.

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La ciencia está mostrando que el trauma intergeneracional es una realidad.

¿Qué le estamos Transmitiendo a nuestros Hijos?

La idea más peligrosa que aprendí en la escuela es que los genes que obtienes de tus padres son transmitidos a tus hijos, y nada de lo que hagas en tu vida cambia eso. Sin embargo, gracias a los hallazgos del nuevo campo científico de la epigenética, esta actitud peligrosa está empezando a cambiar. Pasamos, en efecto, la misma exacta cantidad de cromosomas de padre a hijo, pero, no obstante, la calidad en que se encuentran cuando los recibimos puede ser mejorada o disminuida de acuerdo a qué nos suceda y las decisiones que tomemos durante nuestra vida.

La razón de por qué es peligroso para nosotros creer lo contrario, es que ha llevado a generaciones enteras de personas a creer que las elecciones sobre su cuerpo y el entorno que lo afecta, no tienen efecto perjudicial en los genes de sus futuras generaciones. En pocas palabras, tiene el potencial de hacernos involucionar, simplemente por ignorancia. Afortunadamente, mientras se propaga su conocimiento, la epigenética está ayudando a las personas a comprender que la forma en que vivimos nuestras vidas puede cambiar la calidad de nuestros genes y los que pasemos a nuestra descendencia.

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¿Se transmite el trauma a través de nuestro ADN?

¿Qué Es la Epigenética?

Todos conocemos la forma de una doble hélice de ADN, está incluso en la imagen anterior. Ahora imagina que cada uno de los trece peldaños en la escalera en espiral que forma un cromosoma no es simplemente un peldaño, sino un interruptor binario de activación y desactivación de aminoácidos. Puede que hayas recibido un cromosoma exactamente igual al que llevaban tu madre o tu padre, pero este cromosoma ha estado cambiando de acuerdo a la forma en que has estado viviendo tu vida. Algunos peldaños en la escalera están desconectados donde alguna vez estuvieron conectados y viceversa. Tus genes están respondiendo a tu ambiente tal como tú lo haces, porque, al igual que tú, ellos también están vivos.

Nuestro ADN existe en el corazón de nuestras células y provee las instrucciones para que se creen nuevas, así que una mejor calidad de ADN es igual a una mejor calidad de instrucciones para la creación de células y, por lo tanto, un cuerpo más feliz y saludable. Por otra parte, la degradación continua de la estructura epigenética de nuestros genes podría llevar a conducir a una disminución de la inmunidad y fertilidad, y a mayor susceptibilidad para la mutación celular.

Cuando el Trauma Emocional Se Vuelve Abrumador

En términos simples, el trauma ocurre cuando alcanzamos un punto donde no podemos soportar más, nos abrumamos y no tenemos las herramientas o habilidades para hallar el camino. Nos encontramos en un estado donde nuestro sistema nervioso simpático se activa en exceso, y podemos quedarnos atascados en el modo de supervivencia por mucho más tiempo del que nuestro cuerpo está diseñado a permanecer. Manteniendo este estado de alerta extrema causa depresión y ruptura de las funciones normales de nuestro sistema. En nuestra cultura, nos referimos a casos así de graves como PTSD, o el Trastorno de Estrés Postraumático.

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El PTSD está extendido entre los sobrevivientes de guerra y otros eventos traumáticos.

Gracias a este diagnóstico, tenemos esta especie de límite arbitrario que casi afirma que las personas realmente traumatizadas están de un lado y el resto de nosotros del otro. La realidad es que el límite entre aquellos que sufren de PTSD y todos los demás fue inventado, creado, hecho por la mente humana con poca consideración de que el trauma es llevado dentro de todos nosotros en grados variables. Cada uno de nosotros está en una escala móvil que va todo el camino hasta y pasando la línea indicadora de que una persona tiene PTSD.

El tipo de trauma que todos cargamos puede incluir las cosas más pequeñas como el momento en que se reían de nosotros por no saber la respuesta a una pregunta, u otras cosas aparentemente insignificantes como ser molestados cuando éramos niños. Puede incluir cualquier momento de dolor y tragedia que haya ocurrido a lo largo de nuestra vida, pero, de lejos, el factor más importante de si el dolor se queda con nosotros en forma de trauma, es si fue abrumador, y si se mantuvo abrumador en el tiempo.

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Necesitamos apoyo para ser capaces de sentir y procesar nuestro trauma.

De acuerdo a psicólogos transpersonales, cuando el trauma es tan contundente que nuestro único mecanismo de defensa es evitar sentirlo, entonces continuamos cargándolo, a pesar de que el evento físico puede haber acabado hace mucho, hasta que algún día tenemos el coraje y fuerza para finalmente sentirlo todo y llegar a la culminación emocional, liberándolo. Un número de causas puede impedir esto: una persona puede sentirse que no está en un ambiente seguro, o no es apoyada lo suficiente para abrir la vulnerabilidad de sentir su antiguo dolor con el fin de liberarlo. La persona corre el riesgo de ser re-traumatizada por volver a recordar lo sucedido.

Liberando Nuestro Trauma Para No Transmitirlo

Para algunas personas, es suficiente con explicarles que, simplemente, necesitan aceptar y permitir que existan los sentimientos de dolor y malestar, en vez de tratar de reprimirlos, evitarlos o alejarlos. Tan pronto como una persona juzga y etiqueta su dolor interior como algo malo o algo que no quiere o no le gusta, sin advertirlo e inconscientemente está reteniéndolo, y por lo tanto, evitando que se vaya y libere.

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Hay que aprender a liberar el trauma antes de transmitirlo a nuestros hijos.

Permitiendo que el dolor fluya en vez de tratar de detenerlo es la forma de hacer que nos deje y sea liberado, a pesar del considerable riesgo de re-traumatización. En mi opinión, esto ocurre cuando una persona despierta su antiguo dolor y trauma para intentar liberarlo, pero luego, en vez de aceptarlo y permitir que fluya hacia afuera, lo contrae alrededor suyo con su prejuicio de que es algo que no quiere más. Así que experimenta de nuevo el dolor, pero sin liberarlo realmente.

Para muchos situados al final de la escala de trauma, conocido como PTSD, estas experiencias de dolor y trauma pasados, que vuelven con el fin de ser liberados, ocurren involuntariamente. Durante estos ataques que pueden ser activados por cualquier cosa remotamente parecida al trauma original o nada en absoluto, la re-traumatización ocurre repetidamente y complica el problema.

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La re-traumatización puede agudizar el problema.

¿Qué Sucede Cuando No Podemos Liberar Nuestro Dolor y Trauma Pasados?

Si una persona experimenta un trauma y nunca logra ser capaz de llegar a la culminación emocional de liberarlo, porque simplemente es demasiado abrumador, entonces la influencia ambiental de esos eventos en el cuerpo indica a los genes que el entorno es hostil e inseguro, a través de inmensas cantidades de hormonas de estrés, y afecta la calidad epigenética de los genes. La estructura epigenética de los genes cambia y, en este estado, pueden ser transmitido a generaciones subsiguientes.

 

Los peores ejemplos de trauma intergeneracional ocurren cuando una generación nace con el trauma de sus padres, y estos padres y ahora sus hijos siguen viviendo en circunstancias traumáticas. En algunos casos, esto puede continuar por generaciones, particularmente en casos de guerras en curso, colonización y genocidio. La profesora Judy Atkinson habla sobre su trabajo, ayudando a comunidades indígenas enteras a curarse del trauma intergeneracional, en su libro Los Senderos del Trauma, y el enfoque tradicional con el que trabaja es de reconocimiento y reaplicación. Técnicas como el trabajo de respiración y el vipassana (técnica de meditación) también han sido exitosas, así como también algunos medios psicodélicos como la psicoterapia asistida de éxtasis, o el uso ceremonial del Ayahuasca han curado severos casos de PTSD.

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¿El trauma puede ser pasado entre generaciones?

Evolucionar, No Involucionar Como Especie

Me gustaría pensar que la estructura epigenética de nuestro ADN puede ser como una roca o un cristal. Las moléculas en una roca pueden ser idénticas a las encontradas en un cristal, con la única diferencia de que las moléculas en la roca están mezcladas y las del cristal están más alineadas, permitiendo que la luz pase a través suyo. De la misma forma, quizás en nuestro ADN, hay estados más revueltos y más alineados en los que puedan encontrarse esos interruptores de activación y desactivación de aminoácidos. Las buenas noticias son que si nuestra estructura epigenética puede volverse relativamente mezclada debido a factores ambientales desafiantes y dolorosos, puede también volverse más alineada mientras tomemos decisiones más saludables sobre exponernos a menos contaminantes en el entorno y, de ser posible, menos contaminantes ambientales como el estrés y el trauma.

Mi teoría personal sobre la vida es que la realidad en la que vivmos es un juego “arreglado” o amañado; donde todos los caminos conducen al aprendizaje y crecimiento. El camino menos gentil puede ser para la calidad de nuestro ADN a degradarse, quizás aumentando la probabilidad de que: a) aquellos que no se pueden adaptar lo suficientemente rápido no sobreviven, así como b) mutación repentina saltándonos para una sub-rama diferente del árbol evolutivo. El camino más gentil a la evolución puede ser trayendo nuestro código epigenético a estados superiores de alineamiento al curar nuestro trauma y dolor pasados y, quizás incluso, curando el trauma que nos fue transmitido por nuestros ancestros. La única pregunta que queda hacerse es: ¿qué tipo de especie deseamos ser? ¿La que evoluciona curándose a sí misma? ¿O la que involuciona, permitiendo transmitir lo malo a sus descendientes?

[Traducido del artículo “Can Trauma be Passed on through our DNA?”].

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